viernes, mayo 19, 2006

Bijou

Cuando tenía 7 años no sabía que significaba "bijou". Cuando tenía 7 años pensaba que se escribiría "biyú" y no me daba cuenta de cuándo alguien te estaba engañando. Jota era un monitor de mi campamento que todos los años se hacía pasar delante de todos los niños por un loco enamorado hasta la médula de Bea, la monitora más guapa de La Tirolina. Lo que nosotros no sabíamos es que cuando Jota se declaraba una y otra vez a Bea y ella le rechazaba con una firme y simpática sonrisa de complicidad, ellos ya se querían -los dos- desde hacía mucho tiempo.

Jota se pasaba los campamentos dando brincos de un lado para otro intentando llamar la atención de Bea, que seguía sonriendo a lo Giocconda. La llamaba "bijou", y nadie quería decirnos que quería decir aquella palabra extraña. Por fin un día alguien llegó con la clave para desvelar el secreto:

- Yo sé lo que significa "biyú"... -susurró-
- Ohhhhh... -respondimos todos alterados- ¿Qué quiere decir?
- Significa "joya" en francés.

Yo no podía dejar de mirar fascinada a Jota desde que lo supe. Sólo tenía 7 años pero ya sabía que nunca en mi vida iba a ver un amor más grande que aquél. "La llama joya..." -repetía una voz incesante en mi cabeza - "cuando yo me enamore, utilizaré esa misma palabra". Y todo me parecía increíblemente mágico. Y el verano se confabulaba con ellos dos para que todo aquello quedara registrado en mis recuerdos para siempre.

A Jota le gustaba organizar sus conspiraciones amorosas con nosotros, que le ayudábamos a conquistar a Bea. Ella sólo sonreía y nos contaba historias por las noches. Cuando estábamos sumidos en alguno de los planes de Jota, le pedíamos insistentemente que lo quisiera, que se enamorase de él de una vez.

Cuando por las noches Bea venía a las tiendas de campaña a hablarnos de los amaneceres en África, cambiábamos de bando traicioneramente. Cómo debían divertirse viendo cómo los mirábamos expectantes, entre angustiados e ilusionados, esperando el día en que Bea le dijera "sí" a Jota...

Ahora tienen tres hijos. Los vi el otro día en una exposición, hacía años que no sabía nada de ellos. Es curioso cómo esperas que personas que te han marcado tan definitivamente cuando eres pequeño te recuerden con la misma intensidad.

A Jota le costó reconocerme unos segundos en los que yo me puse tremendamente triste. Pensaba que cómo podía costarle recordarme si yo aún me acordaba de lo bonita que era su letra cuando escribía con lápiz azul las pistas para encontrar el tesoro escondido en el bosque.

Sin embargo, Bea, que sólo había sido monitora dos años, me llamó enseguida por mi nombre y me sonrió de oreja a oreja -como siempre- con la misma ternura que entonces. Mucho más guapa que la Mona Lisa, dónde va a parar...

"Me preguntan por ahí que si cumples 20 años"- le dijo Jota a Bea el otro día mientras le daba un beso- "Es que hoy es su cumpleaños"- me aclaró a mí, que seguía mirándolos hipnotizada, como si no hubiera pasado ni un día desde aquellos campamentos.

Me alivió comprobar que, aunque aquellas personitas que se pasaban 15 días al año fascinadas con su historia de amor inventada hubieran quedado un poco relegadas en su memoria, ellos siguían igual que cuando tenía 7 años.


Radio, play my favourite song: Hormiga. Maga

|